![]() |
PARROQUIA
DE SANTIAGO APÓSTOL
LORCA Visitas: |
![]() |
|
Inmaculada
Concepción – Patrona de España
Dentro del
marco constitucional de derechos y libertades, y particularmente del
artículo
16, en el que «se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de
culto de los
individuos sin más limitación que la necesaria para el mantenimiento
del orden
público protegido por la ley», llegamos al 8 de diciembre, solemnidad
de la
Inmaculada Concepción de la Virgen María, Patrona de España desde
Carlos III, y
del Arma de Infantería, entre otras Instituciones y Cuerpos. Siguiendo el
consejo de nuestros mayores de que hay que alimentar el alma del
caballero y de
la dama, intentaré dar un poco de luz y de paz doctrinal en este
momento un
tanto agitado socialmente, por motivos religiosos muy sensibles a
nuestro
pueblo soberano, rico en sanas tradiciones de interés general para la
convivencia. Es bueno
recordar desde la laicidad -que no laicismo- que la celebración actual
fue
deseada y promovida por el pueblo español, por sus Universidades de
Salamanca
-fundada en 1218- y de Alcalá -en 1499-; también por buena parte de los
integrantes de nuestros Tercios, entre ellos por el soldado profesional
don
Pedro Calderón de la Barca, quien firmará con propia sangre, como otros
muchos
españoles, morir, si fuere necesario, en defensa del gran dogma
universal
mariano. Y ¿cómo no hacer memoria de la hazaña victoriosa de los
soldados
españoles del Tercio de Flandes, bloqueados en la isla de Bommel por la
escuadra holandesa, asediados por el hambre y el frío; que, de pronto,
se ven
liberados por el hallazgo milagroso de una tablilla de la Inmaculada,
de hermosos
colores, cuando cavaban una trinchera el 7 de diciembre de 1585? Si
deseamos
conocer el recorrido del dogma y las fuentes de la Escritura, tanto el
evangelista de la Anunciación, como el autor del Apocalipsis, la
tradición de
la Iglesia en los primeros siglos y el magisterio pontificio, después,
han
recalado en el llamado Protoevangelio del Génesis: «Ella te aplastará
la
cabeza». Y desde el Apocalipsis -«Una mujer vestida de sol da a luz a
un hijo
varón que ha de regir todas las naciones»- llegamos hasta la definición
dogmática hecha por el Papa Beato Pío IX, el 8 de diciembre de 1854 con
el
siguiente texto: «La doctrina que enseña que la bienaventurada Virgen
María fue
preservada inmune de toda mancha de pecado original en el primer
instante de su
Concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en
atención a
los méritos de Jesucristo, Salvador del género humano, es revelada por
Dios y
por lo mismo debe creerse firme y constantemente por todos los fieles». Una larga
historia El largo
recorrido histórico, con el correspondiente estudio de rigor,
interpretación,
discusión y adhesión doctrinal, hasta culminar en el punto de llegada
expuesto,
empieza con los Santos Padres de los primeros siglos, cuando tuvo
defensores
como san Ireneo de Lyon, discípulo de Policarpo de Esmirna, san
Anselmo, san
Hipólito mártir, san Efrén de Siria, san Ambrosio y san Jerónimo. Durante la Edad
Media, en la Iglesia de Oriente, además de defensores como Teodoto de
Ancira,
Proclo -secretario de san Juan Crisóstomo-, san Jaime Nisibeno, san
Teófanes y
san Andrés de Creta, está el Concilio Ecuménico VI, en el que Sofronio
afirma
de María: «Santa de alma y cuerpo, libre totalmente de todo pecado». En
la
Iglesia de Occidente, aparte de san Agustín, está san Máximo, que
escribió:
«María, digna morada de Cristo, no por la belleza del cuerpo, sino por
la
gracia original». En España,
desde el siglo VII y por obra de san Ildefonso, arzobispo de Toledo, se
celebraba en la liturgia la fiesta de la Concepción Inmaculada. El
célebre
calendario de Nápoles, en el siglo IX, afirma: «Día 9 de diciembre, la
Concepción de la Santa Virgen María». Con posterioridad, en los siglos
XIII y
XIV, aparecen las defensas y réplicas entre escolásticos, hasta el
doctor
Mariano Juan Duns Escoto, formado en la Universidad de Oxford, donde
también
enseñó, así como en la de París, teología. Llegó a refutar de memoria a
sus
adversarios 200 argumentos, uno tras otro. Se hizo célebre su síntesis,
en
cuatro históricas palabras, referidas al misterio de Dios en María:
Potuit,
decuit, ergo fecit -«Pudo, convino, luego lo hizo»-. El mismo
Concilio de Trento, con toda la fuerza de su autoridad universal,
afirma: «Este
santo Concilio declara que, al hablar del pecado original, no intenta
comprender en él a la Bienaventurada e Inmaculada Virgen María, sino
que hay
que observar sobre esto lo establecido por Sixto IV». Pronto, la
doctrina se
extendió como oxígeno limpio y buen olor mariano por toda la
cristiandad. Esta
sinfonía elaborada con partituras diversas, a lo largo de la Historia,
bien
merece un brindis en el día de hoy, especialmente por el noble pueblo
español y
su Infantería, que guardan celosamente la fe católica y sus tradiciones. El Patronazgo
de la Santísima Virgen Inmaculada sobre los infantes españoles se
atribuye a un
acontecimiento acaecido en las postrimerías del siglo XVI. Corría el
año 1585,
y, tras la rendición de Amberes, Alejandro Farnesio dispuso que el
Tercio Viejo
de Zamora, a la orden de su Maestre de Campo don Francisco de
Bobadilla, se
situase en defensiva en la plaza de Bommel. Cuando la situación
empezaba a ser
insostenible, un hecho milagroso, atribuido a la Santísima Virgen, vino
en
ayuda de nuestros soldados. El día 7 de diciembre de 1585, un soldado
de
Infantería que se encontraba de centinela, al cavar sobre una trinchera
con su
útil de zapador, encontró un lienzo con la imagen de la Virgen
Inmaculada;
imagen que, debido al fervor religioso de nuestros soldados, fue
llevada
procesionalmente por todo el campamento.
Luego, la fe
hizo el milagro. La madrugada siguiente (ya día 8), y sin hallar una
explicación lógica, descendió considerablemente la temperatura, por lo
que, al
sospechar el conde de Holak, al mando de los holandeses, que sus barcos
podían
quedar atrapados entre los hielos, ordenó el levantamiento del cerco y
huyó con
su flota, bogando intensamente, bajo el fuego de los arcabuces de los
soldados
españoles que, en una reacción valerosa, le causaron una gran derrota.
Decían
los holandeses, en su huida, que sin duda «Dios era español, pues había
obrado
tan gran milagro». Los infantes del Tercio de Zamora, en agradecimiento
a la
Virgen Inmaculada, la proclamaron su Patrona, ejemplo que siguieron al
poco los
demás Tercios de Flandes y de Italia. Este
patronazgo, sin embargo, no tenía carácter oficial. Hubo, pues, que
esperar
algo más de tres siglos para que, con la preceptiva autorización de la
Iglesia,
la Real Orden de 13 de noviembre de 1892, pudiese proclamar
oficialmente a la
Santísima Virgen Inmaculada como Patrona del Arma de Infantería. Así se
gestó
la concesión de tal alto patronazgo. Cuando, el 8 de
diciembre de 1854, el Papa Beato Pío IX proclama, mediante la Bula
Inefabilis
Deus, «que la Divina Madre de Nuestro Señor, por singular gracia y
privilegio
de Dios Omnipotente, fue preservada inmune de toda mancha de culpa
original»,
se da inicio en nuestra patria a los trámites para dar un refrendo
oficial al
patronazgo que la Virgen Inmaculada, desde siglos atrás, venía
ejerciendo sobre
nuestros infantes. Pero habían de transcurrir aún casi cuatro décadas
hasta
llegar al 26 de julio de 1892, cuando el Inspector de Infantería don
Fernando
Primo de Rivera y Sobremonte, recogiendo el unánime sentir de todos los
componentes del Arma, eleva al ministro de la Guerra una solicitud para
que
fuese elegida Nuestra Señora la Inmaculada Concepción como Patrona del
Arma. Con cariño y
gran satisfacción El ministro de
la Guerra, el Teniente General don Marcelo de Azcárraga, el 6 de agosto
siguiente, acuerda trasladar dicho escrito al Provicariato General
Castrense,
para que, a la vista de los deseos expresados por el Arma de
Infantería,
manifestase si existía por su parte algún impedimento canónico en
sancionar tal
nombramiento. El 20 de octubre de 1892 contesta el Vicario General
Castrense,
en un escrito donde se trasluce todo el cariño del prelado hacia la
Infantería,
así como la gran satisfacción que le ha producido la propuesta de
elección como
Patrona del Arma de la Madre de Nuestro Señor en el misterio de su
Concepción
Inmaculada, aprobándola y confirmándola. Obtenida así la aprobación de
la
Iglesia, el 13 de noviembre de 1892, el ministro de la Guerra pone a la
firma
de la reina regente, doña María Cristina de Habsburgo-Lorena, la Real
Orden en
la que se declara oficialmente «Patrona del Arma de Infantería a
Nuestra Señora
la Purísima e Inmaculada Concepción, que ya lo fue del antiguo Colegio
Militar y
lo es de la actual Academia General y de un gran número de
Regimientos». La
reina doña María Cristina patrocinó la festividad del 8 de diciembre de
aquel
año, motivo con el cual se creó una medalla conmemorativa que llevaba
en su
anverso la imagen de la Virgen orlada con banderas de distintos
Regimientos de
Infantería y, en su reverso, el emblema del Arma con la leyenda: «El
Arma de
Infantería en la primera conmemoración de su excelsa Patrona, 8 de
diciembre de
1892». Mi felicitación más entusiasta a todos mis compañeros, que el 8
de
diciembre celebramos nuestra Patrona, con mi recuerdo emocionado a los
infantes
que cayeron por España, luciendo en el cuello de su guerrera la
cornetilla del
cazador, el arcabuz y la espada que distinguen el Arma. Que la Virgen
Inmaculada siga velando por España y por su Infantería. Francisco Ángel
Cañete Páez (Comandante de Infantería) / Fuente: www.alfayomega.es
|