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PARROQUIA
DE SANTIAGO APÓSTOL
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Novena a la
Inmaculada Concepción del 29 de noviembre al 7 de diciembre
Los días
previos
participaremos en la oración constante y profundizaremos en la Palabra
de
Dios mediante el rezo del Santo Rosario y la Novena a la
Virgen
María, a las seis y media de la tarde en nuestra parroquia de Santiago,
desde
el sábado 29 de noviembre hasta el domingo 7 de diciembre. La
Eucaristía
será a las siete de la tarde, seguida de la oración Salve Regina
en la
Capilla de la Inmaculada Concepción. El
jueves 8
de diciembre, la Parroquia acogerá las celebraciones eucarísticas en
los
siguientes horarios: 10:00 h Capilla del Rosario, 11:30h y 19:00h en la
Parroquia de Santiago. Dogma
de
fe La
Inmaculada
Concepción de María es el dogma de fe que declara que, por una gracia
especial
de Dios, fue preservada de todo pecado desde su concepción. El dogma
fue
proclamado por el Papa Pío IX el 8 de diciembre de 1854. ¿Qué
se le
pide a la Inmaculada Concepción? Durante
la
Novena, los fieles suelen dirigir sus peticiones a la Virgen, confiando
en su
poderosa intercesión ante Dios. Entre las intenciones más comunes se
encuentran:
·
Se considera que María, como madre amorosa, escucha las súplicas de sus
hijos y
las presenta a Dios, intercediendo con ternura y compasión. ¿Qué
se reza
el día de la Inmaculada Concepción? El
8 de
diciembre, día de la Solemnidad de la Inmaculada Concepción, se celebra
una
Misa solemne en honor a la Virgen. En esta Eucaristía, se proclaman
lecturas
bíblicas que destacan su papel en la historia de la salvación. Uno de
los
textos más importantes es el relato de la Anunciación (Lucas 1, 26-38),
donde
el ángel Gabriel la saluda como "llena de gracia". Además
de la
Misa, muchos fieles rezan el Santo Rosario, dedican oraciones de
alabanza como
el "Ave María" o el himno "Bendita sea tu Pureza", y
participan en procesiones o actos comunitarios en su honor. Estas
actividades
expresan la alegría de la Iglesia por el privilegio concedido a María y
la
confianza de los creyentes en su poderosa intercesión. Ineffabilis
Deus: dogma de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María Ineffabilis
Deus (en latín, 'Inefable Dios') es el nombre de la carta apostólica
del papa
Pío IX en la que declara el dogma de la Inmaculada Concepción de la
Santísima
Virgen María. Fue promulgada el 8 de diciembre de 1854, fecha de la
fiesta
anual de la Inmaculada. La
definición
dogmática dice así: [...] Para honra de la Santísima Trinidad, para la
alegría
de la Iglesia católica, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo,
con la de
los Santos Apóstoles Pedro y Pablo y con la nuestra: Definimos,
afirmamos y
pronunciamos que la doctrina que sostiene que la Santísima Virgen María
fue
preservada inmune de toda mancha de culpa original desde el primer
instante de
su concepción, por singular privilegio y gracia de Dios Omnipotente, en
atención a los méritos de Cristo-Jesús, Salvador del género humano, ha
sido
revelada por Dios y por tanto debe ser firme y constantemente creída
por todos
los fieles. Por lo cual, si alguno tuviere la temeridad, lo cual Dios
no
permita, de dudar en su corazón lo que por Nos ha sido definido, sepa y
entienda que su propio juicio lo condena, que su fe ha naufragado y que
ha
caído de la unidad de la Iglesia y que si además osaren manifestar de
palabra o
por escrito o de otra cualquiera manera externa lo que sintieren en su
corazón,
por lo mismo quedan sujetos a las penas establecidas por el derecho. Esta
definición
determina con precisión el alcance de este privilegio mariano: María
fue
libre del pecado original por los méritos de Cristo. Este
mérito fue
aplicado por Dios en María en el mismo instante de su concepción, no
fue, por
tanto santificada en el seno materno, como pudo suceder a San Juan
Bautista
cuando en el seno de su madre ante la visita de la Virgen. Se trata de un privilegio, es decir de un don absolutamente singular.
Conclusión La
Novena a la
Inmaculada Concepción es un tiempo especial para acercarse a María,
reflexionar
sobre su pureza y humildad, y pedir su ayuda en nuestras necesidades. A
través de
estas oraciones, los fieles no solo honran a la Madre de Dios, sino que
también
buscan crecer en virtud, con la esperanza de imitar su "sí"
incondicional al plan de Dios. En María, la humanidad encuentra una
guía
amorosa y un modelo de entrega total a la voluntad divina. Esta solemnidad
nos invita a llenar nuestras vidas de Dios, imitando a María, la que
supo
esperar con generosidad el nacimiento del mismo Dios.
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